Pedir al Vaticano la remoción de Obispos de El Bosque que apoyan y apoyaron a Karadima

Juan Carlos Cruz
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Su Eminencia                                                                             28 Febrero, 2012

Monseñor Marc Cardenal Ouellet

Prefecto de la Congregación para los Obispos

Piazza Pio XII #10

00193 Roma

Ciudad del Vaticano

 

Estimado Monseñor Ouellet,

 

En primer lugar quiero agradecerle que haya recibido esta carta. Me inspiraron mucho sus palabras de ¡Nunca más abusos en la Iglesia! El pasado Febrero 8.  Eminencia, soy una de la víctimas de abuso sexual del sacerdote chileno Fernando Karadima y le escribo a usted como último recurso.

 

Estamos muy agradecidos de que los abusos de Fernando Karadima hayan sido condenados por el Vaticano. Sin embargo, es increíblemente doloroso que aún no tenga un domicilio permanente y que siga en contacto con las personas con las que no debería estar en contacto.  Lo hemos hablado con Monseñor Ricardo Ezzati, Arzobispo de Santiago, pero al igual que su antecesor el Cardenal Errázuriz no le toma el peso y la gravedad al asunto.  Los Católicos en Chile han perdido toda credibilidad en la Iglesia y las acciones y la falta de respeto de los Obispos Chilenos con las víctimas es terrible.  Prefieren defenderse entre ellos que salir en defensa de las víctimas.

 

Su Eminencia, yo soy Católico y quiero a la Iglesia.  Además, sigo siendo Católico porque sé que son más los hombres y mujeres buenos que los que le hacen daño.  Sin embargo la falta de caridad de los Obispos Chilenos hacia las muchas víctimas de abuso sexual es notable. Lo triste es que no solamente las víctimas se dan cuenta, pero también los fieles en general y abandonan la Iglesia escandalizados.

 

Fernando Karadima formó a cinco Obispos Chilenos de los cuales cuatro permanecieron a su lado hasta el día de su castigo.  Estos hombres Monseñor fueron testigos de los abusos de Fernando Karadima e incluso lo ayudaron a evitar que sus víctimas lo acusasen destruyendo pruebas y usando su poder de obispos para desacreditar a las víctimas además de un sinumero de otras cosas.  Esto lo vivimos muchos, yo entre ellos.  Estaban de pie y presentes en muchos de los abusos, cuando uno estaba por escapar, hablaban contigo para que recapacitaras o te regañaban por tu falta de amor hacia Karadima que decían era un hombre santo y nuestro padre espiritual.  Hoy han tratado de pasar callados y a pesar del clamor de la gente, de los testimonios en el juicio eclesiástico, los testimonios de la justicia Chilena, estos cuatro se han escapado con su gran forma de manipular y mentir.

 

Ellos son:

Juan Barros Madrid – Obispo Castrense

Andrés Arteaga Manieu – Obispo Auxiliar de Santiago

Tomislav Koljatic Maroevic – Obispo de Linares

Horacio Valenzuela Abarca – Obispo de Talca

Sabemos también que en su momento hace dos años incluso fueron a Roma a desacreditar a todos aquellos que denunciaban a Fernando Karadima, su Padre Espiritual y santo según ellos.  No sólo trataron de destrozar a las víctimas, sino también a cualquier sacerdote u obispo que tratase de denunciar a Karadima.

 

Hoy siguen negando los hechos y siguen haciendo que miles de Católicos estemos escandalizados de su actuar y que la Iglesia no haya hecho nada con ellos.  Los Obispos Chilenos se protegen entre ellos y es por eso que necesitamos que alguien con autoridad limpie nuestra Iglesia en Chile y podamos empezar a sanar tantas heridas y el destrozo que ha causado el abuso sexual, psicológico y la mentira por parte de estos hombres que hoy se hacen las víctimas cuando en realidad fueron unos victimarios.  No se imagina lo que miles de Chilenos y Chilenas le agradeceríamos al Vaticano si se toman medidas fuertes para de una vez por todas terminar con esto y enfocarnos a extender el Reino de Dios y dejar de identificar a la Iglesia con estos abusadores y encubridores.  Sin embargo, si no se hace nada ¡no se avanza en la sanación!

 

Es por eso que queremos recurrir a Usted Eminencia para además de nuestro sentir expresarle el sentir de más de dos mil Chilenos y Chilenas que firmaron esta petición para remover a los Obispos Andrés Arteaga, Juan Barros, Tomislav Koljatic y Horacio Valenzuela. 

 

Hemos enviado esta carta a otros obispos en Chile y nos dicen que nada pueden hacer o se protegen entre ellos.  Más que dar una respuesta urgente, sus respuestas parecen una burla y hacen más daño.  ¿Porqué todos están sordos al clamor del Santo Padre y a un obispo como usted?

 

Estos Obispos han salido sin ni siquera una amonestación de toda esta horrible situación.  Como una verdadera víctima, acreditada por el Vaticano y la justicia Chilena, le quiero reafirmar jurándolo ante el Señor y Su Madre Santísima que estos cuatro obispos vieron y sabían de los abusos que Karadima cometía incluso adelante de ellos. Lo sé porque lo ví y ya no sabemos qué más hacer.

 

El obispo Juan Barros Madrid empezó su carrera eclesial en el último año de Seminario cuando el Arzobispo de entonces, Monseñor Juan Francisco Fresno, a instancias de Karadima y muchos poderosos de la Iglesia, lo nombró Secretario Personal.  Monseñor, yo fui personalmente testigo de todas las artimañas que se hicieron en esa época para que Juan obtuviese ese puesto.  Teniendo a Monseñor Fresno de lado del Bosque (así se conoce a la Parroquia donde operaba Kardima) era una prioridad urgente para Karadima que nos repetía: “Hay que tener al Bosque ardiendo por los cuatro costados de Chile.”  

 

Al poco tiempo de que Juan Barros asumiera como secretario del Cardenal Fresno, llegaron varias denuncias por carta al Cardenal que se han acreditado en el juicio criminal y en el eclesial. Sin embargo, esas cartas misteriosamente desaparecieron y en El Bosque al saberse, los que las enviaron fueron tildados de locos y enfermos y que se les había metido el demonio en la cabeza. Este era el modus operandi cuando alguien se salía del grupo. Depende de cuánto supiese, mayor era la campaña para destrozarlo ya que si se atrevía a hablar, su reputación y credibilidad estaria destrozada y nadie le creería. Situación que yo viví en carne propia.

 

También durante el secretariado de Barros, se logró influenciar a Fresno para que sacase al Rector del Seminario a quien Karadima literalmente odiaba porque se atrevia a decirle a los seminaristas del Bosque que ahora debían someterse al Seminario y no a la Parroquia y que su director espiritual debía ser un sacerdote de los que proveía el Seminario y no Karadima.  Al mismo tiempo, se logró introducir a dos leales y duros de la Unión Sacerdotal formada por Karadima como formadores del Seminario, Andrés Arteaga, hoy obispo y a Rodrigo Polanco, hoy sacerdote. Unos en la casa de formación principal y el otro con los alumnus del Propedéutico. 

 

Se me hizo un juicio porque no estaba cumpliendo lo que me pedía Karadima ya que yo no daba más con sus abusos.  Los cuatro obispos participaron y me acusaban. Ante amenazas de Karadima de revelar mi secreto de confesión, se me obligó a pedir perdón y lo hice aterrorizado.

 

Al ser Karadima mi confesor y director espiritual desde los 16 años, le conté cosas muy íntimas confiando en que nunca se revelarían.  Ahí comenzaron los abusos y sus tocaciones para conmigo.  Sin embargo y a pesar de lo traumático de eso, yo pensaba que al menos mis palabras y cosas que yo le había contado en CONFESIÓN estarían resguardadas del mundo exterior.  Durante años me chantajeó incluso llegando a decirme en público que yo tenía tejado de vidrio y que era su palabra contra la mía si yo no hacía lo que él me decía.  Me amenazó con contarlo en el Seminario.  Literalmente me convertí en su esclavo por el terror que esto me causaba. 

 

Al volver al seminario Mons. Ahumada y el Padre Rector Juan de Castro me mostraron una carta de puño y letra de Juan Barros con acusaciones que sólo sabía Karadima en secreto de confesión.  Juan Barros se prestó para revelar mi secreto de confesión además de destruir información privada de la Iglesia para ocultar los abusos que se estaban cometiendo, uso y colusión en el uso de información conocida por la violación del secreto de confesión para abusar de personas o para defender a personas que estaban abusando de otras chantajeando y amenazando a los que querían hablar.

 

El obispo Andrés Arteaga se encargó de inducir, engañar y falsear la evidencia que él tenía para que la investigación en curso se detuviera, ocultándole al Arzobispo de Santiago de la época para defender a Karadima. Usó información que sólo pudo ser conocida a partir de la violación del secreto de la confesión o de haber sido Formador del Seminario para controlar o dominar personas, y traspasarla a Karadima rompiendo todo concepto ético y de reserva debida a su cargo y la personas formadas bajo su alero. Varias veces y durante años presenció los abusos cometidos por Karadima y que tomó como conductas normales.  Arteaga desde su posición hizo todo lo posible por defender a Karadima aún sabiendo que su actuar no le correspondía a nadie y menos a un obispo auxiliar.  Se encargó de desacreditar a las víctimas y a amenazar y chantajear.

 

El Obispo Tomislav Koljatic también usó información conocida por la violación del secreto de confesión para defender a personas que estaban abusando de otras. Fue cómplice de usos fraudulento de dineros que fueron llevados por él a su diócesis para pagar a una hombre, Óscar Osbén, con el objetivo evidente de silenciar denuncias de abusos o para defender a personas que habían abusado. Ello además de ser testigo de conductas impropias de Karadima.

 

El Obispo Horacio Valenzuela en numerosas oportunidades y estando yo presente presenció tocaciones y abusos de Karadima a distintos jóvenes.  Hoy niega todo y se olvida de los testigos que lo vieron participando de las conductas impropias de Karadima.

 

Le agradezco sinceramente que me haya permitido entregarle esta información.  Ya no sabemos qué puertas golpear y oímos al Santo Padre pidiendo que se haga justicia y la Iglesia Chilena nos arrastra a las víctimas por el suelo!  Si este tema se tratara, serían tantos los Católicos agradecidos y muchos volverían a la Iglesia que pierde más fieles día a día.

 

Yo no quiero que esto me quite mi amor por Jesucristo y Su Madre María. Muchos de mis amigos que han sido víctimas de Karadima y estos obispos ya no creen y han perdido su fe.  Yo no los dejaré que me quiten la mía y lucharé para que otras víctimas la recuperen.  Ojalá podamos todos juntos decir con Usted Eminencia...¡Nunca más!

 

Me despido respetuosamente,

 

 

 

 

 

Juan Carlos Cruz Chellew 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Carlos Cruz Chellew

241 S 6th St. apt 204

Philadelphia, PA 19106

Tel. +1-312-420-4301

 

 

 

CC: Su Eminencia William Joseph Cardinal Levada

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