El Fondo Mundial debe seguir siendo MUNDIAL

El Fondo Mundial para el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria está considerando revisar el modelo de priorización que determina el orden en el que las propuestas son aprobadas en un contexto de recursos restringidos. Un nuevo modelo de establecimiento de prioridades puede tener un impacto negativo en Latinoamérica y el Caribe, si resultan financiados sólo países de bajos ingresos y epidemias generalizadas.

Los abajo firmantes, organizaciones no gubernamentales, redes nacionales, redes regionales, organizaciones de base comunitaria y personas que trabajan en VIH/SIDA en Latinoamérica y el Caribe Hispano, solicitan a los miembros de la Junta de Gobierno del Fondo Mundial que en la próxima revisión de la política de priorización se consideren las necesidades de los países de ingresos medios.

El Fondo Mundial financia la respuesta a las tres enfermedades en países en vías de desarrollo y no debería transformarse, debido a una carencia coyuntural de recursos, en un mecanismo que financie exclusivamente a algunos países en lugar de otros. El modelo de priorización no debería afectar el acceso equitativo a los recursos del Fondo Mundial entre países con diferentes tipos de epidemias. Los cambios sobre esta política terminarán excluyendo a países con epidemias concentradas y quedarán afuera amplios sectores de la población afectada. De esta forma, se profundizarán aun más las restricciones ya existentes bajo el criterio de elegibilidad.

Creemos que el merito técnico debe continuar siendo uno de los principales criterios utilizados para la aprobación de una propuesta. Una priorización inadecuada podría resultar en la desvalorización de las recomendaciones del Panel Técnico Revisor del Fondo Mundial, desvirtuando algunos de sus valores y principios fundacionales.

Desde un punto de vista epidemiológico sería un grave error frenar la inversión en programas de VIH/SIDA en países de renta media con una epidemia concentrada. Estos países son los que realizan una mayor inversión doméstica en salud. No obstante, existen en ellos grandes inequidades en la distribución de los ingresos y muchas poblaciones vulnerables en situación de pobreza y exclusión social quedan fuera de la cobertura de los programas y el sistema de salud.

El Fondo financia propuestas desarrolladas, implementadas y gobernadas por asocios multisectoriales nacionales (los MCPs) que permiten catalizar mejores programas para poblaciones de difícil acceso.

La exclusión de estos países, que representan menos del 15% de su presupuesto total, no resuelve una eventual crisis de financiamiento del Fondo Mundial. Además existen evidencias de que los programas en ejecución en algunos de estos países ofrecen una mejor relación costo-beneficio y mayor eficiencia en el uso de los recursos.

El Fondo Mundial para el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria debe continuar siendo mundial, tomando decisiones de financiamiento basadas en las evidencias, la calidad técnica de las propuestas y el desempeño. La solución a esta crisis depende del compromiso de los países donantes en la lucha contra estas tres enfermedades que representará en los próximos tres años una contribución, solo para el Fondo, de más de 20 billones de dólares. Este es el problema central. Sin este compromiso hecho efectivo a la brevedad, nuestros países serán los primeros en verse afectados, aunque posteriormente todos resultarán perjudicados.

Aquí se ponen en juego el Acceso Universal y las Metas de Desarrollo del Milenio así como cuestiones de inclusión, equidad, solidaridad internacional y, finalmente, el futuro del Fondo Mundial, un modelo innovador que promueve una democracia sanitaria.

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